Como estamos en fiestas, aquí les inserto un trozo de la novela que estoy escribiendo. No es el principio y ocurre íntegramente en Alemania...
...
Terminamos de desayunar y nos desplazamos hasta el edificio dónde se ubicaba el anatómico forense y también dónde había quedado con Manfred, el joven inspector de policía de la Comisaría en Colonia. En ese preciso momento, recibí la llamada de Jörg y le dije que íbamos de camino al anatómico, “Bien, verte allí”.
Prácticamente los tres llegamos al mismo tiempo al edificio sombrío. Alejandro y Jörg se saludaron cordialmente. El colega berlinés le ofreció toda la ayuda que necesitara. Ese gesto me gustó porque siempre es reconfortante, cuando estás en un país extranjero, poder contar con apoyo incondicional.
Entramos y ya nos estaba esperando el joven inspector. En el idioma alemán estuvieron hablando y saqué la conclusión de que Alejandro debía ver el cuerpo de la desafortunada joven para verificar si realmente se trataba de Sofía.
Los acompañé hasta la sala. Era grande y fría. O quizás como se trataba del depósito de cadáveres aparecidos en circunstancias extrañas, el aire que se respiraba estaba enrarecido. Allí nos esperaba el médico forense. Y por un momento me acordé de mi amigo el forense canario, Pepe Santana.
Cogí de la mano a Alejandro para que sintiera el calor de mi amistad cuando tuvimos que ir hasta dónde, supuestamente, estaba el cadáver de la joven. El médico abrió la nevera y sacó la bandeja que portaba el cuerpo, debidamente tapado con una sábana blanca. En ese momento, el juez me apretó la mano con fuerza y entonces de golpe, la soltó. Movió la cabeza indicando que no se trataba de su sobrina. Jörg, que se encontraba a su lado, preguntó nuevamente a Alejandro si estaba seguro de que no era ella. Y el juez le confirmó que no.
Miré al cuerpo de la pobre muchacha. Era muy joven y bonita. Aunque su rostro reflejaba dolor. Las cuencas de sus ojos aparecían rellenas de algodón y en el tórax pude apreciar un gran corte, entre ambas mamas, que iba desde la base de la garganta hasta el ombligo.
Salimos de la sala, Alejandro, Jörg, el joven policía y yo. Le pregunté al colega berlinés de qué había muerto la muchacha.
—Casandra, ser víctima de tráfico órganos —me dijo Jörg.
—¿Víctima de tráfico de órganos? —pregunté asombrada— no entiendo.
—Casandra —me dijo el juez— lo que Jörg quiere decir es que a la joven le han sustraído sus órganos vitales para el tráfico. Por lo visto llevaba desaparecida una semana, era extranjera, para más señas rumana.
—¿Rumana? ¿Y qué tenía en común la infortunada joven con tu sobrina?
—Bueno, físicamente se parecen porque las dos son rubias. Además, cómo tú bien sabes, es deber de la policía descartar esa posibilidad —dijo Alejandro.
Pensé por unos breves segundos. Vi al joven policía hablar con Jörg y me acordé que el tema de las ponencias que impartió el colega berlinés en el Congreso, eran del tráfico de órganos.
—Alejandro, ¿Y qué órganos vitales le han sustraído?
—Pues además de los ojos, el corazón, los riñones y el hígado.
Me estremecí. Y pensé que esos órganos salvarían la vida, por lo menos de cuatro personas. Que pagarían por ellos cantidades desorbitadas, que estarían muy bien cotizados en el mercado negro. Además, la víctima era la perfecta e ideal: una joven sana y extranjera, que seguro nadie la echaría de menos.
Cuando hubo terminado de hablar con el agente de policía, Jörg se nos acercó. Lo encontré preocupado y le pregunté lo que él pensaba sobre el tema.
—¿Qué piensas de todo esto Jörg?
—Yo ser cauto, Casandra. Pero chica rumana ser mala suerte.
Eché una sutil sonrisa porque el colega alemán, aunque hacía lo imposible por hablar correctamente el castellano, tenía sus fallos.
—Lo sé Jörg y espero que a Sofía no le pase eso. Además, sólo de pensar en el negocio sucio del tráfico de órganos, me enfermo.
El alemán después de un breve espacio de tiempo, para traducir sobre la marcha lo que le había dicho, me dijo.
—Tú estar tranquila. Yo hablar con policía y decir que cuando saber algo, decirlo.
.....
Un abrazo y espero que les guste...
sábado 26 de diciembre de 2009
martes 8 de diciembre de 2009
Y LUEGO A LA TERRAZA DEL MUELLE DEPORTIVO
CENA DE NAVIDAD CON LOS COMPAÑEROS DE DERECHO
domingo 6 de diciembre de 2009
MES DE DICIEMBRE 2009
sábado 31 de octubre de 2009
LIBRO DE RELATOS
miércoles 28 de octubre de 2009
UN TROZO DE LA NUEVA NOVELA
Hola a todos y todas...aunque no es el principio, les regalo un trozo cualquiera de la nueva novela que me tiene totalmente subyugada..., pero de verdad...
La trama ocurre integramente en Alemania y...espero que les guste...
Los protagonistas están en la ciudad alemana de Colonia...
.....
Llegamos y subimos. Alejandro tenía una llave del piso, cómo no iba a tenerla si la vivienda era de él. Era un pequeño ático en la zona peatonal, en los alrededores a la Catedral y a la vera del Rhin. Estaba en frente una de las estaciones, Köln-Düsseldorfer, dónde atracaba el Ahoi EXPRESS. Me quedé con el nombre del buque que estaba a punto de salir el WAPPEN VON KÖLN. Me gustó la zona. Era la misma que aquella vez que me encontré con Alejandro cuando estaba tomando un café en la cafetería de ese coqueto hotel construido en 1234.
Abrió y nos adentramos en él. Era verdad que era pequeño pero muy acogedor. Yo me vendría, con los ojos cerrados, a vivir allí. Todo estaba en orden, lo que nos indicó que no fue raptada en el apartamento. Hacía calor y entonces fui hasta la ventana de la estancia para abrirla. El olor fresco me acarició la cara. Y pude comprobar que el sol brillaba con intensidad. Eran las diez de la mañana y no había ninguna nube. Supuse que íbamos a tener otro día despejado en Colonia, aunque no hacía calor, la temperatura era muy agradable.
Alejandro trasteó por el diminuto saloncito. En una de las paredes había una gran estantería que llegaba hasta el techo, donde descansaban miles de libros. Pude comprobar que eran de derecho y además multitud de novelas de género negro. A un lado de los citados libros, me tropecé con varios cedés de música. Leyendo los títulos me sorprendí porque eran de Jazz. ¡Me encantaba, este tipo de melodías! Nunca imaginé que Guayarmina fuera amante de este tipo de…y ¿si no eran de ella? El apartamento era del juez.
Comenzó a sonar la trompeta de Randy Brecker junto con el saxofón de Bill Evans. Y entonces lo tuve claro, eran de Alejandro. Lo miré y él me regaló una sonrisa que le correspondí. Y es que él y yo pertenecíamos a la misma generación y al mismo barco.
—Alejandro, ¿ves algo anormal?
—No Casandra, pero seguro que hay algo. Debemos buscar a fondo. Nunca se sabe dónde puedes encontrar alguna pista.
Rebusqué en la pequeña cocina y vi que Guayarmina era aficionada al té y se me antojó uno.
—¿Quieres uno? —invité a mi amigo.
—¡Por qué no!
Preparé la tetera con el té de frutas del bosque. Los endulcé con azúcar morena y se lo ofrecí. Estaba buenísimo. Y por lo visto al juez también le gustó porque después de degustarlo me guiñó un ojo en un gesto cómplice.
Mientras saboreaba cada sorbo de mi deliciosa bebida, seguí buscando por el apartamento y encontré el ordenador portátil de la sobrina de Alejandro, escondido en el armario. Me pareció raro que estuviera entre la ropa, como si alguien quisiera que no se encontrara.
—Alex, ven por favor, mira lo que hay aquí.
Mi amigo vino hasta mí y cogió el portátil. Pero fue prudente porque empleó dos bayetas para no dejar sus huellas. Era un ordenador pequeño de los que estaba, últimamente, de moda entre los estudiantes, de los que puedes llevar con facilidad a clase y teclear los apuntes en él. Me reí porque pensé, cómo cambian las cosas con el paso del tiempo. Lo abrió y lo conectó. Tenía poca batería, así que tuvo que enchufarle el cable de red eléctrica. Pero era lógico que estuviera protegido con clave de entrada. Alejandro pensó en alguna contraseña que empleara su sobrina y probó varios intentos. Pero fracasó en todos.
—Casandra, —me preguntó, intrigado— ¿Tú, que clave emplearías?
—A ver con veinte años, estudiante de derecho…
—No es su número de documento nacional de identidad; no es su fecha de nacimiento; ni tampoco su apellido…
—No eso me lo imaginaba. Tu sobrina es mucho más inteligente que eso. Sobre todo porque está en un país extranjero y…ya sé…
De pronto, me vino una luz y llegué a esa conclusión porque me acordé de las conversaciones que habíamos mantenido en la universidad.
—Alex, ya sé cuál es su clave. Déjame que pruebe.
Con cautela, empleando los dedos índices de ambas manos arropados por las bayetas, tecleé la palabra y el programa entró.
—Casandra eres un crack. ¿Qué palabra es, cómo lo averiguaste?
—Muy fácil Alejandro. Tu sobrina es una mujer muy, pero que muy inteligente. Además, escogió la palabra perfecta que la define y la más simple.
—No caigo, Casandra.
—Piensa hombre, piensa un poquito. Te lo acabo de decir.
El juez hizo amago de recapitular las palabras que había dicho anteriormente pero no cayó en la cuenta.
—¡Ahh! —suspiré— Alejandro, no me decepciones.
—No juegues conmigo que no estoy para bromas —me dijo, mirándome directamente por encima de sus gafas y eso quería decir que no jugara con él.
—Está bien mi querido amigo —dije con picardía—. La palabra es MUJER.
—¿Mujer? —repitió él.
—Sí, a secas.
—Así, tan simple.
—Te lo dije que tu sobrina era una mujer muy inteligente.
.....
Un abrazo,
Elena
La trama ocurre integramente en Alemania y...espero que les guste...
Los protagonistas están en la ciudad alemana de Colonia...
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Llegamos y subimos. Alejandro tenía una llave del piso, cómo no iba a tenerla si la vivienda era de él. Era un pequeño ático en la zona peatonal, en los alrededores a la Catedral y a la vera del Rhin. Estaba en frente una de las estaciones, Köln-Düsseldorfer, dónde atracaba el Ahoi EXPRESS. Me quedé con el nombre del buque que estaba a punto de salir el WAPPEN VON KÖLN. Me gustó la zona. Era la misma que aquella vez que me encontré con Alejandro cuando estaba tomando un café en la cafetería de ese coqueto hotel construido en 1234.
Abrió y nos adentramos en él. Era verdad que era pequeño pero muy acogedor. Yo me vendría, con los ojos cerrados, a vivir allí. Todo estaba en orden, lo que nos indicó que no fue raptada en el apartamento. Hacía calor y entonces fui hasta la ventana de la estancia para abrirla. El olor fresco me acarició la cara. Y pude comprobar que el sol brillaba con intensidad. Eran las diez de la mañana y no había ninguna nube. Supuse que íbamos a tener otro día despejado en Colonia, aunque no hacía calor, la temperatura era muy agradable.
Alejandro trasteó por el diminuto saloncito. En una de las paredes había una gran estantería que llegaba hasta el techo, donde descansaban miles de libros. Pude comprobar que eran de derecho y además multitud de novelas de género negro. A un lado de los citados libros, me tropecé con varios cedés de música. Leyendo los títulos me sorprendí porque eran de Jazz. ¡Me encantaba, este tipo de melodías! Nunca imaginé que Guayarmina fuera amante de este tipo de…y ¿si no eran de ella? El apartamento era del juez.
Comenzó a sonar la trompeta de Randy Brecker junto con el saxofón de Bill Evans. Y entonces lo tuve claro, eran de Alejandro. Lo miré y él me regaló una sonrisa que le correspondí. Y es que él y yo pertenecíamos a la misma generación y al mismo barco.
—Alejandro, ¿ves algo anormal?
—No Casandra, pero seguro que hay algo. Debemos buscar a fondo. Nunca se sabe dónde puedes encontrar alguna pista.
Rebusqué en la pequeña cocina y vi que Guayarmina era aficionada al té y se me antojó uno.
—¿Quieres uno? —invité a mi amigo.
—¡Por qué no!
Preparé la tetera con el té de frutas del bosque. Los endulcé con azúcar morena y se lo ofrecí. Estaba buenísimo. Y por lo visto al juez también le gustó porque después de degustarlo me guiñó un ojo en un gesto cómplice.
Mientras saboreaba cada sorbo de mi deliciosa bebida, seguí buscando por el apartamento y encontré el ordenador portátil de la sobrina de Alejandro, escondido en el armario. Me pareció raro que estuviera entre la ropa, como si alguien quisiera que no se encontrara.
—Alex, ven por favor, mira lo que hay aquí.
Mi amigo vino hasta mí y cogió el portátil. Pero fue prudente porque empleó dos bayetas para no dejar sus huellas. Era un ordenador pequeño de los que estaba, últimamente, de moda entre los estudiantes, de los que puedes llevar con facilidad a clase y teclear los apuntes en él. Me reí porque pensé, cómo cambian las cosas con el paso del tiempo. Lo abrió y lo conectó. Tenía poca batería, así que tuvo que enchufarle el cable de red eléctrica. Pero era lógico que estuviera protegido con clave de entrada. Alejandro pensó en alguna contraseña que empleara su sobrina y probó varios intentos. Pero fracasó en todos.
—Casandra, —me preguntó, intrigado— ¿Tú, que clave emplearías?
—A ver con veinte años, estudiante de derecho…
—No es su número de documento nacional de identidad; no es su fecha de nacimiento; ni tampoco su apellido…
—No eso me lo imaginaba. Tu sobrina es mucho más inteligente que eso. Sobre todo porque está en un país extranjero y…ya sé…
De pronto, me vino una luz y llegué a esa conclusión porque me acordé de las conversaciones que habíamos mantenido en la universidad.
—Alex, ya sé cuál es su clave. Déjame que pruebe.
Con cautela, empleando los dedos índices de ambas manos arropados por las bayetas, tecleé la palabra y el programa entró.
—Casandra eres un crack. ¿Qué palabra es, cómo lo averiguaste?
—Muy fácil Alejandro. Tu sobrina es una mujer muy, pero que muy inteligente. Además, escogió la palabra perfecta que la define y la más simple.
—No caigo, Casandra.
—Piensa hombre, piensa un poquito. Te lo acabo de decir.
El juez hizo amago de recapitular las palabras que había dicho anteriormente pero no cayó en la cuenta.
—¡Ahh! —suspiré— Alejandro, no me decepciones.
—No juegues conmigo que no estoy para bromas —me dijo, mirándome directamente por encima de sus gafas y eso quería decir que no jugara con él.
—Está bien mi querido amigo —dije con picardía—. La palabra es MUJER.
—¿Mujer? —repitió él.
—Sí, a secas.
—Así, tan simple.
—Te lo dije que tu sobrina era una mujer muy inteligente.
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Un abrazo,
Elena
viernes 23 de octubre de 2009
LIBRO RECOMENDADO
Hola amigos, aquí les recomiendo un libro, que desde la primera página, su autor nos tiene en vilo.
Espero que les guste...
“Me suicidé hace dieciséis años”. Así comienza esta inclasificable novela, que relata la sofisticada venganza tramada por un criminal contra el policía que lo encerró.
¿Es posible dirigir una vida ajena hacia el fracaso y el desastre emocional a través de un plan minuciosamente ejecutado durante años?
La venganza más terrible es la que nos persigue después de la muerte.
Espero que les guste...Esta noche moriré (reedición)
---451 Editores, 2008
---451 Editores, 2008
“Me suicidé hace dieciséis años”. Así comienza esta inclasificable novela, que relata la sofisticada venganza tramada por un criminal contra el policía que lo encerró.
¿Es posible dirigir una vida ajena hacia el fracaso y el desastre emocional a través de un plan minuciosamente ejecutado durante años?
La venganza más terrible es la que nos persigue después de la muerte.
http://www.fernandomarias.com/ Aquí encontrarán toda su obra.
Un abrazo,
Elena
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